La felicitación navideña como estrategia de marketing

shutterstock_151612691Todos los años pasa lo mismo. Llegan estas fechas y empezamos a recibir decenas de correos electrónicos con felicitaciones navideñas.

En principio debería ser algo positivo, ¿no? Alguien ha tenido el detalle de felicitarte la .

Pero, ¿qué ocurre cuando en lugar de ser una felicitación es una de marketing?

Sin estrategia no puedes tener éxito

Empezando porque sin trazar un plan y sin haber definido qué significa éxito, no puedes obtenerlo.

Pero más allá de la teoría, mi punto es ¿las empresas que hacen este tipo de envíos han pensado para qué lo hacen?

En mi caso recibo felicitaciones navideñas de personas o empresas con las que no he tenido relación alguna.

Por supuesto sin personalizar, en 2 o 3 idiomas, de sectores que nada tienen que ver con mi profesión,… vamos que como mucho han preparado un email y lo han enviado a sus contactos de Linkedin.

¿Qué aportan este tipo de emails a la estrategia de la empresa?

Entiendo que el razonamiento es algo como:

  • ‘Al menos se acordarán de nosotros por algo positivo’
  • ‘Se lo iba a mandar a mis clientes, pero ya que estoy ¿por qué no enviarlo a todas mis bases de datos ¡algo caerá!’
  • ‘Todos los años lo hago, así que no puedo fallar’.

En esta mentalidad de hacer ‘ruido’ por hacerlo, en pensar en volumen en lugar de calidad (‘con que el 1% me recuerde para la próxima’), en el ‘por si acaso’, etc. se esconden gran parte de los errores estratégicos que vemos en el día a día de las empresas.

Este ejemplo de las felicitaciones navideñas es un detalle de poca importancia. Lo grave es que esconde una forma de pensar, una forma de plantear las cosas que no puede llevar a nada positivo.
Para que cualquier acción tenga éxito debe formar parte de un plan, debe tener un objetivo,… como mínimo ¡debe tener algo de sentido!

¿Cómo podríamos convertir una felicitación navideña en parte de nuestra estrategia de marketing?

¿Qué ocurriría si en lugar de hacer spam navideño felicitásemos la Navidad de verdad? ¿qué características tendría que tener esta acción?

  • Objetivo: felicitar la Navidad. Nada más. Tener un detalle con tu audiencia y clientes.
  • Métricas: engagement y notoriedad de marca.
  • Contenido: debemos empezar por eliminar todo contenido comercial (si lo que queremos es vender, es mejor enviar un email con ofertas), pero sin olvidarnos que es un email de empresa. Debe tener parte de la imagen/mensaje corporativo, un mínimo, pero debe estar presente.
  • Personalización: a mayor personalización, más efectiva será.
    No se trata de enviarlo a cuantos más mejor. Se trata de ser relevante y especial para el cliente/audiencia.
    Así que cuanto más identificado se sienta el receptor del email, mejor cumplirá su objetivo (más engagement y mayor recuerdo de marca). ¡Tenemos que hacer que se sientan especiales!

 

 

La imagen que acompaña al post (Feliz Navidad) es de ShutterStock

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6 Comentarios

  • Me he emocionado… Y es que la mayoría gente no lo pilla, porque no se ha parado a pensarlo. Es una costumbre que se remonta a la época de las felicitaciones de cartón, en que las empresas las coleccionaban (y mostraban con orgullo) como si se tratase de algún tipo de tesoro arcano.

    De hecho, me encanta que hayas hecho de la necesidad una virtud: has creado contenido de valor, basándote en las fechas en las que estamos. ¿Qué mejor felicitación navideña?

    Me recuerda mucho a una entrada que escribí hace ya dos años en la que invitaba a la gente a abstenerse de enviar felicitaciones por enviarlas: el privilegio de ser interrumpir hay que ganárselo (“no, querido proveedor de luz, no te tengo cariño, no me desees una feliz navidad”).

    La rescato por aquí por si alguien tiene curiosidad. Es similar en el fondo, que no la forma (por aquel entonces escribía… de otra manera): http://alkeno.com/reflexion-navidena/

    Un abrazo.

  • Muchas gracias por tu aportación Fernando!
    Me gusta el enfoque de tu post hilando este spam navideño con su origen.
    Recuerdo perfectamente esos años!

  • Gracias por tu post Tristán. Me lo he encontrado esta mañana mientras tomaba mi primer café leyendo las noticias de marketing.

    Me ha resultado curioso ya que es una acción de branding que llevamos a cabo en nuestra empresa. Todo empezó como algo natural. Tenemos un rasgo muy marcado en la empresa, la creatividad. Y vimos que la Felicitación de Navidad a nuestros clientes era un buen momento para cerrar el año y enviarles un mensaje especial.

    Llevamos más de 8 años haciéndola y me encanta ver los mensajes que nos envían los clientes agradeciendo la felicitación de este año y diciéndonos que la esperaban con ganas.

    Realmente, es un momento más de encuentro con el cliente, un momento especial.

  • Muchas gracias por el comentario Marco.

    Estoy en contra de las felicitaciones navideñas mal hechas: enviadas a personas que no te conocen, las que ‘esconden’ un objetivo comercial, etc. Si la felicitación navideña está bien pensada y realmente es algo especial, me parece lo más acertado.

  • Bueno, yo estoy en contra de las cosas mal hechas, incluidas las felicitaciones claro 😉

    Creo que algo acertado es, siempre que se pueda, que la felicitación muestre lo que somos, los rasgos de la personalidad o la identidad de la empresa.

    Por eso, deberíamos huir de felicitaciones estándar, típicas y aprovechar para personalizarla, aportarle nuestro carácter.

    Otro aspecto clave, este para nota, es personalizar la felicitación para cada cliente. Hacerla no sólo nuestra sino también suya.

  • Totalmente de acuerdo, sea una felicitación o sea una visita, si no tiene un objetivo claro, puede convertirse en spam y entonces en lugar de sumar, resta.

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