La seguridad en redes sociales depende de ti

shutterstock_143084485Consejos de para

O me pagas o te convierto en un pedófilo en Facebook, así de contundente es el titular de la crónica que escribe Eva Dallo en ElMundo.es.

Mucho se ha escrito sobre las normas de seguridad mínimas para navegar en Internet. Todos tenemos, al menos, una noción sobre lo que debemos hacer. Pero la realidad es que pocos somos estrictos aplicándolas y mucho menos conscientes, de las consecuencias de no hacerlo.

Artículos como el que os refiero al principio del post nos hacen reflexionar seriamente sobre este tema. Así que, que mejor momento para plantearnos que debemos hacer.

Si buscas en Google ‘normas de seguridad para navegar en internet’ (o búsquedas similares), encontrarás decenas de artículos con consejos.

Los aspectos a tener en cuenta son muy variados. Desde los sitios que visitas, la educación de tus hijos, el correcto uso de la cámara web, los virus, la privacidad de los datos, uso de la mensajería instantánea,… Internet está en nuestro día a día y por tanto afecta a multitud de facetas de nuestra vida.

Creo que todo esto se soluciona aplicando el sentido común. Pero claro, ya sabéis lo que se suele decir “el sentido común es el menos común de todos”.

Cuando alguien a nuestro alrededor tiene un problema de seguridad, nos ponemos las pilas y tomamos alguna medida, pero pasados unos días nos relajamos y volvemos a cometer los mismos fallos.

Para no extenderme demasiado, voy a limitar mis reflexiones a las redes sociales.

Reconozco que el tono del artículo puede resultar algo alarmista y mis consejos restrictivos, pero pienso que en estos casos es preferible empezar por ser cautelosos en nuestra forma de gestionar nuestra presencia en redes sociales. Según vayamos sintiéndonos más cómodos podremos ir adaptando y flexibilizando esas ‘normas’ a nuestro gusto.

¿Cómo evitar problemas de seguridad en las redes sociales?

Sí lo pensamos podemos tener control (total o parcial) sobre tres cosas: contenido, personas y dispositivo. Si nos planteamos unas normas mínimas en estos tres ámbitos solucionamos gran parte de los problemas que nos podemos encontrar.

1. Si el contenido es privado piénsatelo antes de publicarlo

Piensa antes de publicar nada en las redes sociales o en aplicaciones de mensajería.

Por mucho que lo publiques en grupos cerrados, que se lo envíes a amigos de confianza, etc. acabas de perder el control del contenido. La única manera de asegurarte de no perjudicarte a ti mismo o a terceras personas, es no publicarlo.

Cada persona tiene una concepción diferente de lo que es privado y lo que no. Pero en redes sociales las cosas son diferentes.

Un contenido aparentemente inofensivo se puede acabar convirtiendo en un problema fuera de contexto o en las manos equivocadas. Tenemos cierta sensación de seguridad. Pensamos, pero ¿quién va a ver este contenido? ¿a quién le puede interesar manipularlo?

Hay contenidos que tenemos claro que no debemos publicar, pero existe un porcentaje elevado de ‘contenido gris’, de contenido aparentemente inofensivo que publicamos sin darle mayor importancia.

Se que son consejos muy restrictivos, pero creo que es muy recomendable hacer una auditorías periódicas de los contenidos que estamos publicando para cerciorarnos que estamos cómodos.

Esto nos ayudará a calibrar que contenido publicar en qué contexto.

Yo publico contenido con cierta frecuencia en varias redes sociales, y tengo muy claro que cosas publicar en cada caso.

Algo que ayuda mucho a poner orden a este respecto, es optimizar tu presencia en redes sociales (separar lo personal de lo profesional, optimizar procesos, etc.), para ello os recomiendo leer “Cómo optimizar tu estrategia personal en social media”.

2. Amistades/contactos en redes sociales

Otra clave que determina el efecto del contenido publicado y los problemas que nos podamos encontrar está en las personas a las que diriges el mensaje: tus contactos en redes sociales.

Ya no hablo del caso extremo del artículo que cito al principio del post, sino de la gestión de nuestro día a día.

Si tenemos claro qué queremos conseguir con nuestra presencia en cada red social (el objetivo de la misma), a quién nos dirigimos y las observaciones del punto anterior, no deberíamos tener problemas.

Es decir, que en función de que red social se trate, deberíamos publicar unos contenidos u otros y tener un tipo y volumen de contactos diferentes.

Me parece especialmente relevante ser cuidadoso con las personas con las que contactamos en aquellas redes sociales donde publicamos contenidos personales.

Nunca sabes a quien puede terminar llegando, ni como puede ser interpretado y/o manipulado ese contenido.

En mi caso he decidido que mi perfil personal de Facebook, sea eso personal. Por ese motivo sólo tengo como amigos a aquellas personas con las que tengo contacto frecuente y familiares.

Con el resto de amigos sigo en contacto por teléfono, whatsapp, o email (¡será por canales de comunicación!).

A pesar de esta limitación, trato de aplicarme los consejos del punto 1 (aunque no siempre lo consigo! J ).

En la selección de los contactos (en redes sociales ‘personales’), intervienen esa relajación que mencionaba antes, nuestro ego, el miedo al qué dirán (le acepto o le mantengo como amigo para no ofender)… n factores, que nos llevan a acumular contactos que no hacen más que aumentar los riesgos de tener problemas.

Lo normal es que no tendremos problemas nunca. Se trata de evitar esas sorpresas negativas que ocurren muy de vez en cuando.

En la mayoría de los casos se quedarán en malos entendidos, pero en otros podemos llegar a tener problemas serios.

3. Configuración de tu smartphone

El tercer vértice de este triángulo es el dispositivo desde el que accedemos a las redes sociales (en su mayoría y creciendo, desde teléfonos inteligentes).

Nuestro teléfono y las aplicaciones que usamos dejan un montón de huellas en forma de datos sobre nuestra actividad. Desde fotos, datos sobre nuestra geolocalización, gustos, etc. etc.

En su mayoría son datos agregados que usan mejorar nuestra experiencia de uso, pero creo que es sano que revisemos las configuraciones de privacidad de nuestro smartphone y de las principales aplicaciones, para asegurarnos de que dicha configuración está a nuestro gusto.

 

La imagen que acompaña al post (privacidad) es de ShutterStock

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