¿Transformación digital? Más bien madurez digital

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Ya he hablado alguna vez de la obsesión que tenemos por subirnos a los “carros terminológicos” y agotar el termino en cuestión usándolo para todo y de cualquier manera.

En el caso de la transformación digital está ocurriendo algo parecido. Muchas de las conversaciones en las que participo con directivos de empresas me hacen ver que tienen una idea equivocada o simplificada sobre lo que implica.

La mayoría trata de asimilar el concepto a una parte de su organización y no se dan cuenta de que la transformación digital es transversal a toda la organización.

Pero, ¿qué ocurre con los procesos tan grandes y que suponen cambios tan radicales en las empresas? Dan miedo.

No sólo asustan, además debido a su magnitud son proyectos que no son capaces de asimilar y afrontar de forma que entren en la planificación diaria de la empresa.

Se convierten en ese gran proyecto pendiente que saben que tienen que afrontar, pero que posponen continuamente.

Muchas empresas han retrasado tanto el proceso de transformación digital que ha terminado ‘explotándoles’ en la cara.

Se han dado cuenta de que por no haberlo afrontado a tiempo se están encontrando con problemas graves.

A esto le sumamos el torrente de artículos ‘amenazadores’, los eventos monográficos sobre el tema e innumerables comentarios en redes sociales al respecto, que hacen que aumente la tensión y el bloqueo ante el proyecto de transformación.

¿Qué hacemos para facilitar este proceso?

Los elefantes en filetes pequeños

Esta frase quiere decir que para acometer proyectos de grandes magnitudes (‘comerse un elefante’), es mejor dividirlo en fases que seamos capaces de afrontar (‘filetes pequeños’).

Esta frase proviene de la filosofía japonesa Kaizen, que promueve este tipo de acercamiento a los proyectos.

Es mejor un pequeño paso cada día, que un cambio radical. Esto hace que además de poder afrontar poco a poco el gran proyecto, la organización no se resienta por cambios tan tajantes.

Más que transformación, maduración digital

Para mi sería más efectivo afrontar los cambios como un proceso de maduración digital. Una hoja de ruta que nos lleve paso a paso al objetivo final, que nos ayude a ir evolucionando hasta completar la transformación.

Esta filosofía, además encaja con la necesidad de compatibilizar el día a día de la empresa con este proceso de cambio. Es un proceso difícil, pero no debe hacer que la empresa se pare.

Por lo tanto tras definir el proceso de transformación digital, debemos partirlo en tareas que la organización asuma fácilmente y que le permitan completar el proceso al ritmo que la empresa sea capaz de asumir.

Las empresas que se tienen que digitalizar son conscientes de esta necesidad. Parten de una mínima presencia online en la que podemos apoyarnos para empezar el cambio (las que no tienen ni presencia digital, no tienen que transformarse ni madurar, tienen que nacer).

Digitales si, pero no de ‘última generación’

Las empresas se tienen que digitalizar, pero no podemos pretender que asimilen lo último de lo último en procesos de trabajo, tecnología o estrategias.

Al igual que comentaba a nivel de proyecto, las empresas necesitan su tiempo para asimilar las innovaciones. Si el salto es demasiado grande, lo más probable es que esa innovación termine siendo rechazada, que termine por ser el capricho de x directivo que finalmente nadie usa.

La foto que he puesto para acompañar el post lo ilustra perfectamente. Podemos pasar de la máquina de escribir a un teléfono móvil estándar, pero no pretender que empiecen a usar teclados móviles laser.

 

 

photo credit: The Great Leap Forward via photopin (license)

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