La lucha por el control de nuestros datos nos va a salir cara

frustración

El escándalo con Facebook y Cambridge Analytica y el reciente cambio de la legislación de protección de datos (RGPD), han supuesto el despertar de nuestras conciencias en cuanto a la y el control de nuestros datos.

No es algo nuevo, llevamos tiempo oyendo quejas sobre los “anuncios que saben lo que estás buscando y que te persiguen”, problemas en las redes sociales por no tener criterio sobre que contenido compartir (que en algunos casos ha causado grandes perjuicios) … los casos son numerosos.

En mi opinión el problema de raíz está en nosotros mismos. Internet ha evolucionado a gran velocidad y no hemos tenido tiempo de asumir las consecuencias. Todo va tan rápido, y muchas veces somos tan comodones, que preferimos “hacer click” antes de pensar en lo que estamos haciendo.

Tenemos la tendencia a echar la culpa a terceros: Facebook tal, Google cual, etc. Y si, es posible que en más de una ocasión se hayan pasado de la raya, pero al final la responsabilidad sobre nuestra privacidad en Internet es nuestra.

Somos nosotros los que decidimos aceptar sin leer las condiciones del servicio, los que preferimos conectarnos con nuestra cuenta de Facebook a una web, los que instalamos aplicaciones y les damos permiso de acceso para “todo”, etc. y los que compartimos cosas en público sin pensar en las consecuencias.

Tenemos que poder controlar fácilmente qué, con quién, cómo y cuando compartimos nuestros datos

Estoy totalmente a favor de un uso de Internet que nos permita tener un control total sobre los datos que compartimos. Pero de nada serviría esto si nosotros como usuarios no nos comprometernos a ser más responsables.

Creo que ambos escenarios son cuestión de tiempo.

Como ocurre con muchos procesos de adopción de la tecnología, estamos dando ciertos bandazos, yendo de un extremo al otro.

La lucha por la privacidad de nuestros datos nos va a salir cara… a todos

¿Por qué digo que nos va a salir caro a todos? Dejadme que me explique.

Por un lado, las empresas. Según un estudio realizado en diciembre 2017 por Accenture en Estados Unidos, el 44% de los encuestados (a nivel mundial) se sentían frustrados cuando las webs/servicios online no eran capaces de ofrecer un servicio personalizado y por el otro lado, un 49% estaba preocupado por el uso de sus datos al suscribirse a una web o servicios diseñados para ofrecerles una experiencia personalizada que se anticipe a sus necesidades.

Por un lado, queremos un servicio personalizado, pero por otro lado nos da miedo compartir nuestros datos porque no sabemos o no entendemos bien que va a pasar con esta información.

Problemas en parte causados por falta de transparencia de dichos servicios y en parte por puro desconocimiento nuestro.

Se estima que la falta de personalización y de confianza en las empresas, generó una pérdida de 756 mil millones de dólares (sólo en Estados Unidos) en 2017. Ya que estos problemas provocaron que el 41% de los encuestados se cambiasen de compañía.

Si tenemos en cuenta que este estudio se realizó antes de saltar el escándalo de Cambrigde Analytica y del cambio de legislación del , nos podemos imaginar la magnitud del problema para las empresas a día de hoy.

Como resumen de la situación, os dejo una de las tiras cómicas de Tom Fishburne en la que lo explica perfectamente

Tom Fishburne - Marketoonist

Es decir, que en este escenario actual perdemos todos.

Está claro que se van a solucionar situaciones que eran injustas y/o abusivas, pero por otro lado la calidad del servicio va a disminuir y por tanto nuestro nivel de satisfacción.

Si bloqueamos completamente el acceso a nuestros datos, ¿cómo van a poder darnos un buen servicio?

Es como si entrásemos de incógnito a la tienda de barrio y no tuviésemos interacción alguna con nadie. Podríamos comprar los productos, pero no podríamos pedir recomendaciones, ni podrían recomendarnos nuevas cosas en función de cuánto nos conocen.

Personalmente creo que la situación no está resuelta, ni está cerca de estarlo. Hasta que el control no esté en el propio usuario y no en las decenas de webs y apps que usamos, no empezará a ser real del todo.

Un ejemplo es la solución actual a la cesión de datos a las webs. ¿De verdad pensamos que los usuarios se van a leer cada aviso de privacidad y de cookies de cada sitio? Para mi la solución actual sirve para cumplir con la ley, pero poco más.

¿A dónde nos lleva esto? ¿compartimos o no nuestros datos? ¿con quién si y con quién no?

La solución está en las marcas fuertes y en los usuarios bien informados

Como decía al principio el control sobre nuestros datos lo tenemos los usuarios. Si nos informamos bien antes de compartirlos y si tenemos un criterio claro, no deberíamos tener problemas.

Pero claro, todavía queda el problema para las empresas. Por mucho que solucionen el problema del control de los datos, ¿qué pasa si los usuarios no se los dan?

Sólo las empresas que se hayan ganado la confianza de su audiencia podrán contar con sus datos para personalizar su experiencia.

Y ¿quiénes son esas marcas? Aquellas que además de ofrecer un servicio impecable han construido una marca fuerte más allá de las funcionalidades y precio de sus productos.

El resto podrán tratar de forzarlo “obligando” a ceder los datos para dar el servicio, pero esta puede ser una barrera demasiado alta y el origen de muchos problemas.

 

La imagen que acompaña al artículo (frustración) es de ShutterStock

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