La nueva normalidad es el cambio constante

Las grandes crisis como la que estamos viviendo nos hacen bascular entre temer lo peor y esperar lo . Pasamos del pesimismo al optimismo, y viceversa, en intervalos de días, incluso de horas.

Muchas veces cuando estamos pensando en positivo, nuestro anhelo es volver a como estábamos. Es una reacción totalmente humana. No pedimos más, sólo estar cómo antes. Buscamos la manera de volver a un terreno conocido en el que nos sentimos más seguros y donde la problemática actual no existe.

Esto mismo nos pasó en la crisis de 2008. Al principio, uno de los comentarios generalizados era: “parece que nos vamos recuperando, en unos meses volvemos a la normalidad” (al estado anterior). Pero con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que eso no iba a ocurrir. Los comentarios pasaron a ser “lo anterior era irreal, nos tenemos que acostumbrar a la nueva situación” (lo de irreal era debido a lo hinchada que estaba la economía).

Es algo parecido a lo que nos está pasando ahora. La crisis actual, y la que viene, nos da (si, llamemos a las cosas por su nombre), el nivel de incertidumbre es muy alto. Por eso buscamos, aunque sea en nuestras cabezas, la seguridad que nos genera el estado anterior a la crisis. Pero la realidad es que tenemos que aceptar que lo anterior no va a volver, y tenemos que buscar la forma de adaptarnos.

A nivel de esta forma de pensar, nos lleva a buscar un camino para regresar a un pasado que ya no existe. Y no existe no solo por ser un tiempo anterior al que no se puede volver, sino porque el contexto ha cambiado.

No podemos esconder la cabeza y esperar a que pase la tormenta. Ese no puede ser el plan. Tenemos que afrontar la nueva situación con un enfoque diferente. Buscar la manera de adaptarnos y encontrar las oportunidades que nos ayuden a salir del bache.

Piénsalo, en realidad, ¿qué es normalidad? Y ponlo en contexto de una economía que evoluciona cada vez más rápido. La nueva normalidad de la que nos hablan se ha convertido en el constante. Y no en una nueva etapa de tranquilidad.

Tenemos que pasar de la búsqueda constante de seguridad y control, a dejarnos ir y disfrutar con lo que nos encontremos en el camino. Tenemos que confiar en nuestras capacidades y en la gente que nos rodea. La vida está llena de retos, es lo que la hace emocionante.

A esta capacidad de adaptación, tanto personal, como empresarial, le solemos llamar resiliencia. Aunque sea un termino de “moda” a mi no me termina de encajar, porque aunque no habla de capacidad de adaptación a una situación adversa, su propio significado nos lleva a volver a la situación anterior.

Por eso, a mi me gusta más el concepto de la anti fragilidad de Nassim Taleb. Habla de las personas y organizaciones, que no solo se recuperan bien de los golpes, desorden, crisis, etc. sino que salen reforzados de ellos porque de cada uno de ellos aprenden algo que les hace . Lo antifrágil no solo no evita los choques, sino que los busca porque sabe que le va a ayudar a mejorar.

Ser antifrágil es complicado, parece que vaya en contra de nuestra condición humana, pero es, en mi opinión, la mejor forma de adaptarnos y disfrutar de la vida.

 

La imagen que acompaña al artículo (cambio) es de ShutterStock

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