Te voy a hablar de algo que nos pasa a muchos y que en el contexto de una empresa puede resultar un problema añadido.
Dime si lo que te cuento te suena:
Te levantas temprano, enlazas una reunión con otra, resuelves urgencias, contestas decenas de emails, escuchas podcast o lees libros que te ayuden… y al final del día tienes la sensación de que has tenido un día productivo. ¡Lo has dado todo!
Y dime si te pasa a veces que cuando te paras a pensar lo que has avanzado en las prioridades reales, te das cuenta de que no has podido ponerte con ellas (al menos no todo el tiempo que hubiese sido el adecuado).
Y si a esto le añadimos el “factor empresa” en forma de competitividad, personas que calientan la silla para mostrar su compromiso, presión etc., la situación se complica un poco más, pues le añadimos la opinion de terceros sobre tu nivel de compromiso.
La falsa productividad: cuando estar ocupado no significa avanzar
El problema es que hacer mucho no siempre significa avanzar. Y, en ocasiones, es justo lo contrario.
Trabajando para una publicación en Linkedin me topé con una frase que me dejo helado, porque refleja bastante bien la raíz del problema:
La ansiedad disfrazada de productividad es la forma más sofisticada de autoengaño profesional.
Nos podemos escudar en que el volumen de trabajo o la presión por conseguir los objetivos, nos llevan a esta situación. Evidentemente esto influye fuertemente. Pero a lo que voy es que nuestras motivaciones para hacer tantas cosas no están tan alineadas con nuestro trabajo como queremos pensar.
Los niveles de estrés y ansiedad a los que estamos sometidos son elevadísimos y añaden un factor emocional a la ecuación que cambian por completo nuestras prioridades. Combinamos tareas prioritarias, con dar salida a tareas cortas que nos den sensación de avanzar y aportar. Unas pueden ser repetitivas y de valor relativo (como contestar emails o asistir a una reunión más) y otras las que hacemos para evitar posibles problemas.
Podemos darle muchas vueltas a esto, añadirle motivos, razonamientos y justificaciones. Pero el resultado es siempre el mismo:
Jornadas maratonianas con más tareas pendientes de las que nadie podría asumir, la sensación temporal de satisfacción por hacer mucho y la realidad: nos agotamos trabajando y no avanzamos en la dirección correcta.
Buscando datos sobre este tema, he dado con uno que es bastante claro: el cambio continuo de tareas puede reducir la productividad hasta un 40%.
Si quieres ser más productivo, necesitas parar
Es un planteamiento parecido al que recibo de mis clientes de asesoría de marketing. Aunque la solución a muchos de los problemas que pueda tener una empresa está en pararse a pensar, priorizar, repensar la estrategia y lanzar las acciones correctas, todo lo que no esté orientado a conseguir ventas, se percibe como irresponsable. “Cómo nos vamos a parar si tenemos que vender un X% más y vamos un X% por debajo. Lo que necesito son campañas que vendan más”.
A nivel personal, el planteamiento es: “si no estoy trabajando al 120% estoy perdiendo el tiempo” o dicho de otra manera “me estoy poniendo en riesgo de que me despidan”. Así que ya me pararé a pensar cuando tenga un día más tranquilo (es decir, nunca).
Pero piensa esto: ¿cuándo has tenido la sensación (y la realidad) de avanzar más? ¿ha coincido con una conversación con alguien, con la lectura de un libro, con un paseo relajado, con una formación, con…?
Tu (nuestra) cabeza necesita parar, necesita tiempo para procesar, cambiar de contexto, aburrirse… tener una visión clara de las cosas para decidir el mejor camino a seguir.
Nuevos hábitos en tu rutina diaria
Es cierto que por mucho que queramos no podemos cambiar de vida. Las tareas y las urgencias no van a desaparecer por arte de magia. Así que te propongo algo sencillo (yo lo hago desde hace un tiempo).
Busca dos o tres huecos de una hora cada semana para integrar un nuevo hábito en tu rutina que te permita salir de ella. Desde ir al gimnasio, pasear, leer… lo que mejor te funcione. Pero busca esos momentos.
Esto mismo se puede aplicar al funcionamiento de una empresa. Para desbloquear proyectos los equipos necesitan
La neurociencia ha demostrado que el cerebro necesita momentos de aparente inactividad para integrar información y generar soluciones. Cuando dejamos de concentrarnos activamente y cambiamos de contexto —por ejemplo, al pasear o hacer deporte— se activa lo que se conoce como Default Mode Network (red neuronal por defecto), relacionada con la reflexión interna, la creatividad y la resolución de problemas complejos. No es perder el tiempo: es permitir que el cerebro procese.
Algunos podréis pensar que estos son lujos que no os podéis permitir, incluso que sería como hacer el vago o cosas por el estilo. Pero es todo lo contrario. Es una forma de recargar pilas para fortalecerte y de dar con soluciones a muchos de los temas que tienes encima de la mesa. Cuando cambias de actividad, empiezas a pensar en otras cosas no profesionales y es cuando tu cerebro aprovecha para procesar y darte una solución.



