Pasados tantos años con la posibilidad de optimizar todo lo que hacemos en base a datos, hemos llegado al punto de la “perfección obligatoria”. Casi cada cosa que comunicamos ha pasado por el tamiz del dato, de la herramienta de optimización, de las buenas prácticas digitales, etc. Pero a fuerza de perseguir la perfección, muchas marcas han perdido lo único que las hacía diferentes: su humanidad.
Si a esto le añadimos las capacidades que nos da la inteligencia artificial, le sumamos un grado extra de indiferenciación.
Si todos usamos los mismos criterios y las mismas herramientas, terminamos pareciéndonos entre nosotros. Lo curioso es que no hacer las cosas perfectas, que a veces parece un riesgo, puede ser justo lo que hoy te hace destacar y acercarte a tus clientes.
Lo imperfecto te hace destacar en positivo
Piensa en los contenidos que más recuerdas últimamente. ¿Eran los que mejor escritos estaban? ¿Los técnicamente perfectos? ¿O eran los que te tocaron por algo más humano, más cercano, más inesperado?
En un contexto saturado de mensajes, lo que rompe el patrón es lo que más se recuerda. Y eso, muchas veces, es justo lo que se sale del guión: una frase mal construida pero sincera, una idea incompleta pero valiente, un punto de vista que no encaja en una plantilla.
No se trata tanto de cometer errores adrede, sino de ser humano. Que tu forma de comunicar transmita que detrás hay personas.
¿Cómo pretendes conectar con una audiencia imperfecta siendo perfecto?
Es cierto que las cosas bien hechas transmiten confianza, pero si nos pasamos de perfección nos estamos alejando de nuestro público objetivo.
La obsesión por sonar perfectos nos hace invisibles
Cuando todo suena igual, nada destaca. Puedes invertir en diseño, en automatización, en inteligencia artificial… pero si tu mensaje no tiene un matiz propio, si no refleja quién eres, se pierde en el ruido.
Como os decía en los ejemplos de campañas perfectas vs. campañas que transmiten y venden, al perdernos en los detalles de la optimización conseguimos posicionamiento en Google o en redes sociales, pero a costa de perder ventas. Da la sensación de que si no hacemos las cosas de determinada manera estamos perdiendo oportunidades de vender, y es al contrario, estamos provocando que el cliente no se sienta aludido y termine por no comprar.
La imperfección estratégica: un enfoque necesario
A este respecto me pareció muy interesante Mark Schaefer lo describe bien en su artículo «Strategic Imperfection»: lo imperfecto, lo incómodo, lo ligeramente desordenado… puede ser lo que haga que tu marca destaque.
Esto conecta directamente con el llamado Efecto Pratfall (definido ya en 1966!), un fenómeno psicológico que demuestra que las personas competentes se vuelven más atractivas cuando cometen pequeños errores. Es decir, la imperfección genera conexión. No debilita tu imagen; la humaniza, si ya has demostrado solidez. Y en un entorno donde todo suena artificial o producido por máquinas, eso puede marcar la diferencia.
Porque la perfección genérica ya no convence. Lo que convence es reconocer que hay personas detrás. Que hay algunas contradicciones, decisiones difíciles, ideas que aún se están formando. Eso es real. Eso es creíble. Y eso te diferencia.
Qué implica aplicar esta mirada
Esto no va de hacer las cosas mal a propósito. Va de no esconder lo humano. De aceptar que en lugar de parecer impecables, podemos (y debemos) ser coherentes, sinceros, imperfectamente profesionales.
Aquí van algunas ideas para empezar:
- No edites tanto que pierdas tu voz. Si tu marca tiene un tono, consérvalo incluso cuando no sea el más elegante.
- Di cosas que no suenen a lo que dicen todos las demás. Incluso si eso significa arriesgar un poco en forma o fondo.
- Muestra proceso, no solo resultado. Las personas conectan con lo que está en construcción, no solo con lo terminado (esta es una de las cosas para las que veo útil Instagram).
- Cambia la obsesión por gustar por el foco en ser recordado. No hace falta agradar a todos. Hace falta dejar huella en los que importan.
Quizás el mayor riesgo ya no sea parecer imperfecto, sino sonar como todos los demás.
Cuando ser humano deja de ser un defecto y se convierte en tu ventaja, el marketing vuelve a hacer lo que tenía que hacer desde el principio: conectar.



Imposible no aplaudir este enfoque, Tristán.
Llevamos años tratando de optimizarlo todo: cada palabra, cada diseño, cada canal. Pero en esa búsqueda de la perfección digital, muchas marcas han perdido su alma, su voz, su humanidad.
Y tú, una vez más, lo dices justo cuando toca.
Tu reflexión me conecta directamente con lo que comentábamos hace unos días: la diferencia entre influir y aparentar, entre comunicar con intención y repetir plantillas. Hoy más que nunca, lo que de verdad destaca no es lo impecable, sino lo creíble, lo humano, lo imperfectamente auténtico.
La obsesión por no equivocarse nos ha dejado todos diciendo lo mismo.
Y como bien apuntas, quizás el mayor riesgo ya no sea sonar mal, sino sonar exactamente como todos los demás.
Gracias por seguir siendo ese referente que lleva más de dos décadas iluminando este camino. No solo por lo que sabes, sino por cómo lo compartes: con sentido, con verdad y con humanidad.
Eso sí que te diferencia.
Muchas gracias Andrés!! Eso intento aunque rara ver lo consiga. No hay nada como tratar de aplicar el sentido común y no dejarse llevar por las tendencias. Nada más peligros que pensar «si a X le ha ido bien en Instagram y se ha forrado, ¿por qué no yo?». Que sea posible, que alguien lo haya conseguido, etc. no quiere decir que tu lo tengas que conseguir. El peligro real, más allá de la desilusión y el tiempo+pasta perdidos, es que no has dedicado ese tiempo a lo que realmente aporta valor a tu negocio.