El momento en que decides pensar por tu cuenta

Voy a tratar de despertar, o más bien, estimular tu curiosidad. Y una curiosidad con cierta personalidad. Me explico.

Vivimos en un mundo que cada vez va más deprisa. Tanto que hablar de ello se ha convertido en un tópico. En este contexto en el que parece que todos debemos correr para no perder oportunidades o para no ponernos en riesgo, la realidad es que la velocidad de tu vida la pones tu. Tu decides que es urgente y que no, y cuándo correr o andar.

La velocidad de tu vida la pones tu. Tu decides qué es urgente y que no, y cuándo correr o andar.

Siendo seres puramente sociales, nos es fácil (y nos hace sentir bien), seguir las tendencias. Si “todo el mundo” hace X, yo también lo hago. Lo malo es que en ocasiones es un acierto, y en otras es un error (o al menos es algo que no nos aporta valor alguno).

Este comportamiento se traslada al contexto profesional. Analizamos lo que esta pasando a nuestro alrededor e imitamos comportamientos. Y por supuesto, imitamos más aquellos en los que vemos historias de éxito (reales o aparentes). Ahí entra la envidia. “Yo también quiero conseguir eso para mi empresa”.

Por eso, de vez en cuando conviene detenerse un momento y analizar nuestro comportamiento.

La presión invisible del grupo

Las dinámicas de grupo funcionan también en el mundo empresarial. Cuando una tendencia empieza a extenderse, lo razonable parece sumarse. Nadie quiere quedarse fuera de algo que podría resultar importante para el futuro del negocio.

Lo estamos viendo ahora con la inteligencia artificial. Parece que no se hable de otra cosa. Todo lo que tenga la etiqueta IA, capta nuestra atención. Las empresas están tratando de incorporarla a sus procesos buscando esa mejora, esa optimización que nos promete. A nivel personal todos estamos aprendiendo a usarla y a tratar de sacar partido de ella.

Imitar Lo Que Los Demás Hacen
La presión invisible del grupo

El problema es que, al menos a día de hoy, nos encontramos que muchas veces empleamos más tiempo tratando de hacer algo por medio de la IA, que lo que hubiésemos tardado aplicando nuestro proceso actual.

Incluso tratándose de la IA, una cosa es la velocidad percibida y otra la real.

Lo hemos visto con otras innovaciones más recientes como el metaverso, o hace unos años con las redes sociales.

El problema es que ese movimiento colectivo suele tener un efecto secundario: reduce el espacio para pensar. Actuamos más por imitación, que por una reflexión previa. En lugar de preguntarse qué necesita realmente la empresa, muchas decisiones empiezan a girar en torno a otra pregunta mucho más simple:

¿Estamos haciendo lo mismo que los demás (competencia)? Parece que les está funcionando. Vamos a ello.

Unido a nuestro día a día, el resultado es una actividad constante. Nuevos proyectos, nuevas pruebas, nuevas iniciativas. Pero no siempre una dirección clara.

El momento incómodo: pararse a pensar

Hay un momento especialmente incómodo en cualquier proceso de evolución o maduración. El momento en el que alguien se detiene y se hace una pregunta básica:

¿Esto tiene sentido para nosotros? ¿Nos está dando los resultados que esperábamos? ¿Merece la pena seguir?

Ese momento rompe el ritmo del grupo.

Pararte A Pensar Lo Que Realmente Necesitas
Pararse A Pensar Lo Que Realmente Necesitamos

Mientras otros siguen avanzando, la persona que se hace esa pregunta parece quedarse atrás. Durante un tiempo puede incluso dar la sensación de estar equivocándose. Cuando todo el mundo corre en una dirección, parar para pensar no suele parecer una buena estrategia.

Sin embargo, muchas decisiones estratégicas importantes empiezan exactamente así. Con una pausa.

En ese momento nos empezamos a preguntar, ¿qué es lo que realmente funciona para conseguir nuestros objetivos? La respuesta suele implicar tiempo, esfuerzo e inversión.

Nos damos cuenta de que lo que aparentemente funciona para otros, no es lo más adecuado para nosotros. Y por supuesto, que los atajos funcionan solo a veces (casi nunca).

Cuando eliges tu propio camino

Cuando tras un análisis tomamos la decisión de ir por un camino más difícil pero con mayores probabilidades de éxito, nos suele llevar a pensar que estamos solos. No hacemos lo que los demás hacen y esto nos genera dudas, y hasta algo de miedo.

Seguir Tu Camino Para Encontrar Lo Que Realmente Necesitas
Seguir Tu Camino Para Encontrar Lo Que Realmente Necesitas

Pero con el tiempo y la constancia necesarias, empiezan a aparecer señales positivas. Parece que no estábamos tan locos. Nuestro esfuerzo y dedicación trae sus frutos.

Y eso cambia bastante la perspectiva.

Encontrar tu sitio

La cambia tanto, que empezamos a ver algo más que señales. Empezamos a encontrar grupos de personas, comunidades enteras que llevan tiempo siguiendo ese mismo camino. Y esto nos empieza a dar confianza.

Finalmente Encontrar A Los Grupos De Personas (o Las Acciones) Que Realmente Necesitabas
Finalmente Encuentras A Los Grupos De Personas Que Realmente Necesitabas

Es como si tras un tiempo bajo la influencia de un gran imán (las grandes tendencias), hubiésemos encontrado otros más pequeños que nos empiezan a atraer cada vez con más fuerza. Por supuesto que seguimos bajo la influencia de las grandes tendencias, pero cada nuestro criterio es cada vez más fuerte y nos dejamos influir menos.

Si lo piensas bien, este es un proceso que llevamos viviendo desde nuestra infancia. Son nada más, y nada menos, que los pasos para aprender e ir madurando. Pensamos que con los años estamos fuera de estos procesos, pero nunca dejamos de crecer y evolucionar.

No se trata de ir contra todo

Elegir un camino propio no significa oponerse sistemáticamente a lo que hacen los demás. No se trata de negar que la inteligencia artificial va a cambiar muchas cosas, ni que las redes sociales no sirven para nada.

Significa algo más sencillo: tomar decisiones a partir de los objetivos y la realidad de la propia empresa.

A veces eso llevará a adoptar las mismas prácticas que otros. Y otras veces llevará a ignorarlas.

La diferencia es que en un caso se trata de imitación y en el otro de criterio.

Muchas empresas llegan a este punto después de años probando cosas. Nuevas herramientas, nuevos canales, nuevas iniciativas. Algunas funcionan, otras no tanto. Y poco a poco aparece una sensación difícil de explicar: estamos muy ocupados, pero no siempre tenemos claro si avanzamos en la dirección correcta.

Si alguna vez has tenido esa sensación, quizá sea un buen momento para parar un momento y revisar con calma cómo encajan todas las piezas de tu marketing con los objetivos reales de tu empresa. Si te interesa hacerlo acompañado, aquí puedes ver cómo trabajo en mis procesos de asesoría de marketing y negocio.

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