Últimamente no paro de leer. Llevo unos meses reduciendo el tiempo de pantalla (televisión, móvil, etc.) y aumentando el tiempo de lectura. De todo tipo. A veces novelas para evadirme y otras libros sobre marketing para continuar formándome y sobre todo, inspirándome.
He leído dos libros de Mark Schaefer. Marketing Rebellion y ahora estoy con su última publicación Audacious. El primero me llevó a profundizar sobre el propósito (2019), y esto a afinar el enfoque de mi carrera profesional. Veamos qué pasa con este, pero os adelanto que ¡algo se cuece!
Para estas cosas, he de reconocer, que el inglés es mucho más conciso. Cuando leí esta frase:
“When you can’t out-spend, you have to out-think. When you can’t shout louder, you have to whisper smarter.”
“Cuando no puedes superar a los demás gastando más, tienes que hacerlo pensando mejor. Y cuando no puedes gritar más alto, tienes que susurrar con más inteligencia.”
De acuerdo, no es un planteamiento rompedor. Pero si que me hizo pensar y mucho. Es un planteamiento similar al que usaba al afirmar que las pymes no tienen presupuesto suficiente para hacer la estrategia que deberían y que deben renunciar a muchas alternativas y trabajar con lo que tienen. Es algo que veo cada semana.
Porque, seamos sinceros: competir en marketing con grandes presupuestos no está al alcance de la mayoría. En lugar de jugar al juego del volumen y la visibilidad constante, nos toca pensar. Afinar. Ser más listos.
¿Y si un presupuesto de marketing pequeño fuera una ventaja?
Schaefer lo dice sin rodeos: un presupuesto pequeño no es una limitación, es una liberación. No puedes hacer lo que te gustaría, lo que tiene “sentido”. Te obliga a ser más selectivo, más creativo, más humano. A dejar de hacer por hacer.
Como decía en la frase del principio del artículo. Cuando no puedes gritar, te toca aprender a susurrar mejor.
A conectar sin ruido. A hacerte escuchar sin necesidad de altavoces.
En lugar de perseguir atención, empiezas a merecerla. O mejor dicho a atraerla.
El problema no es solo de dinero (aumentar el presupuesto es la solución “fácil”). El verdadero desafío es tener algo que merezca ser comunicado, con una propuesta de valor clara y una estrategia que tenga sentido. Si eso falla, ningún presupuesto es suficiente.
El error común: subir el volumen sin pensar
Esta idea conecta también con una reflexión de mi blog: la clave no está en subir el volumen, sino en dar un mensaje más claro.
Muchas veces, ante la falta de resultados, la reacción es producir más contenido, invertir más en anuncios, publicar más veces. Pero más no significa mejor. Y desde luego, más ruido no genera más atención. Solo cansa a quien escucha. Y tu mensaje termina siendo indiferenciado.
Lo difícil no es publicar mucho. Lo difícil es que tu mensaje llegue claro, bien enfocado y en el momento adecuado.
La solución realista: ser relevante en lugar de omnipresente
Debemos pensar en cómo hacer visible nuestro contenido ante tanto ruido. La conclusión era clara: no se trata de competir por volumen, sino por claridad y conexión.
Ahí está la diferencia entre el marketing que interrumpe y el que acompaña.
Entre el contenido que se olvida y el que deja huella.
Y no, no necesitas ser una gran marca para lograrlo.
El día a día del marketing de muchas PYMEs
Cada semana hablo con gerentes que llegan frustrados. Han probado campañas, han contratado servicios, han invertido en herramientas… pero sienten que no avanzan. Todo parece esfuerzo sin retorno.
Y cuando cambiamos la conversación —cuando pasamos de hacer más a hacer mejor—, empiezan a ver resultados. No porque yo tenga una varita mágica, sino porque ordenamos, enfocamos y nos centramos en lo que de verdad importa.
El cambio empieza cuando dejan de intentar gritar más fuerte y aprenden a hablar al oído de su cliente ideal.
El marketing que funciona no hace ruido: tiene sentido
En un entorno saturado, el verdadero lujo no es la visibilidad.
Es la atención cualificada.
El verdadero marketing no te obliga a levantar la voz.
Te enseña a hablar con intención.
Y si consigues eso, no importa el presupuesto que tengas.
Importa que sepas para qué haces lo que haces.
Importa que no vendas humo, sino confianza.
¿Te interesa que revise tu marketing para tratar de averiguar qué está ocurriendo?


